Cómo ya sabrán queridos blogueros...el Gobierno de la Nación pretende sacar a flote una reforma de la actual Ley del aborto.
Como todo aquello que es susceptible de salpicar a ciencia y política...hay que analizarlo en profundidad tanto desde la perspectiva científica como la política.
Creo que no hay que sacar las cosas de madre...es evidente que desde que el espermatozoide y el ovocito (que no óvulo) se forman hasta que que se unen son vida, y evidentemente en la concepción ya hay vida. Pero me parece que la Igelsia y determinados sectores de la sociedad otrogan más valor a unas vidas que a otras. ¿Qué pasa que es más grave que una mujer esté amparada por la ley a la hora de abortar, que los niños de Mauritania que se mueren sin probar la leche infantil? Porque es cierto que a unos no se les da la oportunidad de nacer, pero a otros se les entrega nada más nacer las llave a las puertas de la muerte.
En mi modesta opinión, cada cual puede ejercer la libertad dentro de su ética y su moral. Si los creyentes no quieren abortar, pues que no lo hagan, nadie les obliga a hacerlo; pero que no juzguen ni insten a nadie a hacer lo que ellos no consideran ético.
Por otra parte, es evidente el enfado de determinados sectores sobre la posibilidad de que las niñas menores de 16 años, puedan interrumpir su embarazo, ya no sin el consentimiento, sino sin su propio conocimiento de sus progenitores o tutores legales. Creo que los políticos deben de ser coherentes, que no protejan más a los cangrejos de río que a los menores. Que no hablamos de una mujer mayor, sino de adolescentes; a las cuales se le sprohibe comprar tabaco, pero no abortar.
Un padre, deberá al menos tener conocimiento de que su hija va a ser intervenida; porque pronto como sigamos dando carta blanca a los menores, y recortando el poder de actuación de sus padres, nos encontraremos con que el niño que tenga 6 años, y reciba un cachete por intentar meter los dedos en el enchufe; tendrá a su padre en el "maco" por terrorista internacional.
Salud
